Este lunes 9 de marzo, la comunidad educativa de la Universidad Católica Campus Itapúa participó de la Misa de Apertura del Año Académico 2026, celebrada en el Aula Magna “Rvdo. P. Dr. Manfredo Wilhelm SVD”.
La celebración eucarística fue presidida por Monseñor Francisco Javier Pistilli Scorzara, Obispo de la Diócesis de la Santísima Encarnación y Gran Canciller de la UC, acompañado por sacerdotes concelebrantes.
Durante la Misa de Apertura del Año Académico, Monseñor Francisco Javier Pistilli Scorzara, Obispo de la Diócesis de la Santísima Encarnación y Gran Canciller de la Universidad Católica, reflexionó sobre el pasaje bíblico de Naamán y el profeta Eliseo, invitando a la comunidad universitaria a vivir el proceso educativo con humildad, apertura y perseverancia.
En su mensaje, señaló que así como Naamán llegó con poder, prestigio y expectativas sobre cómo debía ser curado, también los estudiantes inician su camino académico con distintos antecedentes y visiones de sí mismos. Sin embargo, advirtió que el mayor obstáculo para aprender no es la falta de conocimiento, sino la “preconcepción” o soberbia intelectual, es decir, creer que ya se sabe cómo debe presentarse la verdad o de quién se puede aprender.
El Obispo destacó también la figura de la joven sirvienta sin nombre, quien, pese a no tener prestigio ni posición, fue la que indicó el camino hacia la sanación. Con ello recordó que el conocimiento y la verdad muchas veces surgen de quienes aparentemente tienen menos voz o reconocimiento.
Además destacó la simplicidad del mandato del profeta: “Báñate en el Jordán”. El río, ordinario y poco prestigioso, simboliza la capacidad de aprender de lo sencillo y cotidiano. En ese sentido, subrayó que el verdadero aprendizaje exige constancia y paciencia, comparándolo con las siete veces que Naamán debió sumergirse antes de experimentar la curación.
Dirigiéndose a docentes, directivos y estudiantes, Monseñor Pistilli señaló que esta enseñanza puede aplicarse —mutatis mutandis— a la vida universitaria: el conocimiento se construye en el esfuerzo diario, en la apertura a aprender de otros y en el contacto permanente con la realidad.
Finalmente, recordó que en la sociedad existen muchas “lepras” que necesitan ser sanadas —problemas sociales, injusticias y dificultades humanas— y que la universidad, mediante el trabajo conjunto de su comunidad educativa, puede contribuir a transformarlas a través del conocimiento, el servicio y el compromiso con el bien común.
Participaron directivos, docentes, estudiantes y funcionarios, quienes, en este tiempo de Cuaresma, se unieron en oración y reflexión para encomendar a Dios el inicio del Año Académico 2026, con el objetivo puesto en una formación integral, el crecimiento académico y el servicio al bien común.
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